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Materiales tema 2: Teoría del desarrollo local

por David Flores y María de la O Barroso Última modificación 25/03/2010 21:15
Colaboradores: UNIA
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Materiales de estudio de la unidad didáctica 2: Teoría del desarrollo local

II.1. INTRODUCCIÓN

El objetivo de esta Unidad Didáctica camina en la dirección de recopilar la herencia intelectual, más cercana y operativa, donde cimentar la teoría del Desarrollo Local. En este sentido, vamos a intentar realizar un breve recorrido histórico por las diferentes aportaciones realizadas por autores preocupados en resolver la situación de falta de desarrollo o subdesarrollo en gran parte del territorio mundial. Estas circunstancias, centradas en gran medida, en las desigualdades sociales existentes entre territorios, fueron las que arrastraron y llamaron la atención hacia los aspectos sociales y económicos del desarrollo. De esta forma, y ahondando en las distintas concepciones del desarrollo, podemos llegar a la idea de "lo local" como fuente de desarrollo o recuperación económica.

Esta Unidad Didáctica no pretende, no obstante, recoger un desarrollo exhaustivo y profundo de las teorías del desarrollo perfectamente recogida en la bibliografía disponible; sino un recordatorio rápido con el objetivo puesto en las concepciones más o menos locales, sabiendo, por tanto, que queremos centrarnos especialmente en los enfoques originarios del Desarrollo Local para, posteriormente, analizar sus principales características.

 

 

II.2. TEORÍAS ALTERNATIVAS DEL DESARROLLO

Desde principios del siglo pasado, se intenta aplicar la lógica y la inteligencia a problemas económicos como la localización de la industria, con la consiguiente generación de teorías relacionadas con el desarrollo igualitario y generacional.

En estas nuevas teorías se empieza a reutilizar la variable multidimensional del desarrollo económico de los países subdesarrollados. Pero ¿porqué, entonces, de repente esto interesa a los países y zonas ricas? ¿Porqué analizar éste tipo de desarrollo en el norte ante la pobreza emergente del Sur?.

 

Esta necesidad surge en los países desarrollados ante la reconsideración del sobreconsumo, ante los límites de la naturaleza y la necesidad de no traspasarlos. Esta nueva tendencia se basa en el encuentro y el equilibrio de dos conceptos fundamentales, como son el desarrollo y los recursos, principales problemas surgidos en el seno de todas las estructuras sociales y económicas de todos los pueblos, catalogados o no como desarrollados.

El panorama ortodoxo del crecimiento económico ilimitado debe ser reemplazado con un sentido de relativismo histórico. La degradación medioambiental y la disminución de los recursos naturales originan la concienciación actual y la afirmación de que la escasez absoluta existe y ésta necesariamente implica límites al crecimiento. Si analizamos los autores neoclásicos, la escasez estaba socialmente aceptada y se tenía que producir un aprovechamiento óptimo de los recursos que originara la satisfacción de las necesidades humanas.

El problema se centra en responder a una serie de cuestiones (¿qué límites?, ¿hasta cuándo?...) que hasta el momento han sido insatisfactoriamente contestadas, pero no por eso suprimidas de las teorías actuales del desarrollo. Estas circunstancias incentivarán a un cambio de mentalidad en la evolución del concepto de desarrollo, originando una orientación alternativa al "desarrollo desde arriba" predominante en épocas anteriores.

 

Los elementos definidores de este desarrollo alternativo se unificarían en:

1. Un desarrollo igualitario, orientado a satisfacer las necesidades humanas tanto materiales como inmateriales.

2. Desarrollo endógeno (self-reliance), haciéndose fuerte desde el corazón de cada sociedad, la cual define su poder, soberanía y visión de futuro.

3. Desarrollo autónomo, seguro de sí mismo e independiente. Implica que cada sociedad dependa de sus propias fuerzas y recursos, en términos de energía de sus miembros y de su medio natural y cultural.

4. Desarrollo ecológico, utilizando racionalmente los recursos de la biosfera, con pleno conocimiento del potencial de los ecosistemas locales, teniendo en cuenta los límites globales y locales.

5. Desarrollo con transformación estructural, la creación de las condiciones necesarias para la autogestión y la participación en la toma de decisiones, tanto en las comunidades rurales como urbanas.

 

El concepto de otro desarrollo implica soluciones de pequeña escala, soluciones ecológicas, transformaciones estructurales en función de la comunidad, generación de empleo, reducción de desigualdades, y esto ha encontrado un mayor empuje en las sociedades ricas del norte, basándose, sobre todo, en sus propias iniciativas del territorio. Pero esta corriente, no puede dejar de lado la controversia que suscita la interrelación o antagonismo entre la escasez de recursos y el crecimiento económico.

Debemos matizar que las comunidades sociales y los ecosistemas locales de desarrollo deben caminar juntos y paralelamente hacia una elevada producción y a un mayor grado de satisfacción de las necesidades, incorporando la base territorial y humana de la sociedad en desarrollo. Se han de incorporar a este enfoque las políticas orientadas a la reducción del desempleo, la redistribución de la renta y el bienestar social.

Este cambio de mentalidad y óptica se compatibiliza con un desarrollo originado "desde dentro" versus al desarrollo exógeno o "desde fuera", teniendo en cuenta las características del desarrollo sostenible y ecológico, con una visión no economicista, sino global del territorio en cuestión.

Este nuevo diseño se basa en concepciones tales como el ecodesarrollo, desarrollo endógeno, integrado, rural... que nacen ante la necesidad de equilibrar las rentas en los países del Norte y evitar la pobreza en los del Sur. A continuación se comentan brevemente estas teorías alternativas del desarrollo.

 

II.2.1. Enfoque de las Necesidades Humanas Básicas

Ante el Nuevo Orden Internacional (NOI) el desarrollo alternativo se orienta hacia la reducción de la pobreza (en contraposición a la generación de riqueza de tiempos anteriores), organizada hacia la satisfacción de las necesidades básicas del individuo y no de todo el país, pero esto ha de iniciarse con un incremento de la productividad y, por tanto, de las nuevas tecnologías.

El crecimiento se va a seguir considerando importante pero no suficiente para la efectiva redistribución de las rentas a nivel internacional. Se trata de solucionar el problema de la pobreza a través de una canalización de los recursos para la satisfacción (al menos) de las necesidades básicas de una realidad concreta.

El Banco Mundial tomó el protagonismo de este enfoque, planteando la estrategia como complementariedad entre la redistribución y el crecimiento. Y es entonces, y derivado de la importancia otorgada a la pobreza en los años setenta, cuando la Conferencia Mundial sobre el empleo de la OIT en 1976 en manos de Chenery , consideró como núcleo central entre las teorías alternativas de desarrollo el enfoque de las necesidades básicas.

Las necesidades básicas -cuya insatisfacción se considera la esencia del subdesarrollo- se definen como aquellas necesidades cuya satisfacción es imprescindible para la vida humana (alimentación, salud, educación, participación...). Pero en la década en que nos movemos, es probable que la mayoría de las familias hubiesen pasado el umbral de lo imprescindible e intentasen acceder a un nivel complejo de relaciones sociales, económicas y culturales que condicionaran sus vidas. Por tanto, el concepto de necesidades básicas se conforma alrededor de los modos de vidas integrantes en una cultura más que a las condiciones de supervivencia. Va más allá de los agregados macroeconómicos, como puede ser el desempleo, el PNB;..., se centra en una distribución de los ingresos más igualitaria poniendo los medios adecuados a disposición del segmento más pobre.

La estrategia de desarrollo de este enfoque incorpora métodos intensivos de utilización de la mano de obra, estimula a los estudiantes a utilizar sus habilidades para solucionar los problemas de sus propias comunidades garantizando de esta forma el despertar de los grupos sociales. Además, tendrían que incorporar:

1. Incremento de la productividad del escalafón más pobre, para que de esta manera puedan elevar sus ingresos y aumentar sus posibilidades de satisfacción de las necesidades básicas.

2. Complementariedad por parte del Estado, para aumentar los servicios públicos, transferencias y subsidios en materias como educación, sanidad... para los más pobres e individuos excluidos de las unidades familiares.

3. Educación con miras a la oportuna elección de los productos finales y sus correspondientes técnicas, de manera que se materialicen en nuevos empleos y mejora de la distribución del ingreso.

4. Incorporación de la descentralización, con el poder fáctico en los entes locales, para la óptima reasignación de los recursos. Esta descentralización llevaría consigo una ejecución escalonada y coordinada de las políticas puesto que la satisfacción de otros no impide el reforzamiento propio.

 

Las marcadas diferencias en la definición de las necesidades básicas entre el campo y la ciudad, la urbanización descontrolada, su excesivo pragmatismo, los obstáculos políticos y la renuncia a la industrialización y modernización lleva a los neoliberales a rechazar el enfoque. Pero a pesar de este rechazo, esta concepción ocupará un lugar central entre las teorías alternativas del desarrollo puesto que inicia el camino de la participación civil en el problema del subdesarrollo, desvinculándose de los intereses del Estado y dando un papel a las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs).

 

II.2.2. Desarrollo Rural

Ante la incapacidad de reacción de algunas poblaciones agrícolas de determinar la producción de artículos sustitutivos de los primarios originariamente producidos por éstas, y en las cuales se necesita cada vez mayor cantidad de recursos para la consecución de nuevas tecnologías, surge la necesidad de una estrategia de desarrollo global que integre tanto el desarrollo urbano como el rural del territorio. En estas sociedades, se plantea la alternativa a la economía agraria de subsistencia sin tener que pasar por el resurgir de una economía no agraria (industrial) que desarrolle el devenir de la sociedad.

La evolución rural, como base de desarrollo de las ciudades, ha recorrido un camino importante, hasta poder hablarse en nuestros días del concepto más novedoso y europeizado de Desarrollo Rural Integrado.

El Desarrollo Rural Integrado consiste esencialmente en potenciar esquemas de desarrollo en el ámbito rural que tiene como objetivo la mejora del nivel de vida de la población del área implicada. Para ello, se estimula el establecimiento de esquemas de actividad económica de base territorial, descentralizados y con un fuerte componente de decisión local, que movilice a la población en la prosecución de su bienestar mediante la máxima utilización de sus recursos propios, humanos y materiales.

Esta evolución ha dado lugar al consenso y análisis a nivel macro y microterritorial, incorporando "las facetas materiales, sociales y personales de la comunidad local, que estimule una mayor participación social y la consecución de la dignidad de sus habitantes, así como la articulación de estas comunidades con la sociedad en general de una manera más armónica y equitativa".

En este marco es donde se puede entender que "la política rural no se limita simplemente a una acción en favor del crecimiento económico, sino que de hecho abarca un amplio abanico de posibilidades y preocupaciones relativas al desarrollo y al dinamismo socio-económico de la población y de las regiones rurales...Por tanto, incide necesariamente sobre numerosos actores de los sectores público y privado". Y desde esta perspectiva, alcanzaríamos los diversos matices (Endógeno, Integrado, Sustentable/Sostenible,...) que fundamentan el desarrollo económico, social y cultural de las sociedades locales actuales de nuestro entorno.

 

II.2.3. Ecodesarrollo y Desarrollo sostenible

Los problemas ambientales de los años sesenta y setenta, agravados con el transcurso del tiempo, motivaron una visión pesimista del horizonte malthusiano, traduciéndose en ideas cercanas al crecimiento cero. Estas corrientes de pensamiento recogieron gran parte de las críticas al concepto de desarrollo versus crecimiento, y fueron incorporando conceptos utilizables en la economía medioambiental actual (recursos naturales renovables, tecnologías blandas, conservación de la naturaleza,...). Por tanto, se inicia una etapa en donde se empieza a invertir en temas medioambientales pero manteniendo la separación entre ecología y economía.

Esta situación se potencia ante el enfoque fundamental que plantea una de las primeras referencias de compatibilidad entre desarrollo y medio ambiente. Fue en el estudio realizado al amparo de la Conferencia de Estocolmo sobre Medioambiente en 1972, cuando en "Los límites de crecimiento: Un informe del proyecto del Club de Roma sobre el predicamento de la humanidad", se deja ver la problemática de la escasez emergente en los países del Tercer Mundo. Entre las conclusiones de dicho informe y ante las consecuencias que podrían surgir de no variarse la tendencia del momento, los autores llegaban a dictaminar una serie de recomendaciones de urgente aplicación a los gobiernos para alcanzar un crecimiento a largo plazo.

El concepto de ecodesarrollo plantea una dimensión horizontal del desarrollo, donde los elementos principales no van a ser los tradicionales de trabajo, capital, inversión, etc.; sino elementos específicos tales como un determinado grupo de personas, con unos determinados valores culturales, que viven en una determinada región con una determinada combinación de recursos naturales. El ecodesarrollo significa que las comunidades locales y el ecosistema local de desarrollo caminan juntos hacia un equilibrio en términos ecológicos y sociales; por tanto, no se centra exclusivamente en el crecimiento de la producción como variable esencial en el desarrollo económico.

Durante los años ochenta continuó el debate sobre el avance interdependiente del desarrollo y medioambiente, llegándose a afirmar en la Cumbre de Otawa de 1981 que "al realizar políticas (económicas) a largo plazo, se deben tener en cuenta la conservación del medio ambiente y la base de recursos del planeta". Esta integración va a dar como fruto el posicionamiento de algunos organismos oficiales ante la inclusión de los factores naturales en la política económica a largo plazo.

Una posición más avanzada se muestra ante la aparición del desarrollo sostenible propuesto por el Informe Brundtland (1987). Este define el "Desarrollo sostenible como el desarrollo que satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades".

El desarrollo sostenible es un constante proceso de cambio, donde la satisfacción de las necesidades sociales se hace compatible con la explotación de los recursos naturales y el progreso científico-tecnológico, introduciendo una nueva variable como puede ser las sociedades futuras y sus necesidades sociales.

El concepto de desarrollo sostenible implica la cooperación internacional, y por tanto se basa en un enfoque eminentemente macroeconómico. Esta circunstancia nos lleva a plantearnos cuál es su conexión, por tanto, con el Desarrollo Local. Desde el punto de vista de la aplicación de una política, ya sea nacional o internacional, son necesarias las actuaciones microeconómicas a nivel proyecto puesto que éstas serán más comprometidas y asegurarán el resultado positivo de las mismas.

Por tanto, por un lado el desarrollo sostenible puede venir condicionado por la imposición de un modelo económico, con la consiguiente ruptura con la cultura endógena, pero a su vez contrarrestado por el papel otorgado a las comunidades locales en la ordenación del medio ambiente y en el desarrollo, debido a sus conocimientos y prácticas tradicionales (Principio 22 de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo).

Esta escena microterritorial se ve apoyada por el Principio 9 de dicha Declaración donde se argumenta que "los Estados deberían cooperar para reforzar la creación de capacidades endógenas para lograr un desarrollo sostenible, aumentando el saber científico mediante el intercambio de conocimientos científicos y tecnológicos, e intensificando el desarrollo, la adaptación, la difusión y la transferencia de tecnologías, entre éstas, tecnologías nuevas e innovadoras".

La polémica aparece alrededor del tipo de análisis económico empleado y de la utilización del desarrollo o crecimiento económico en los mismos. La inclusión de la variable medioambiental en la economía puede seguir la línea de la economía medioambiental (representada por Pearce), que intenta encajar el concepto económico-medioambiental en la teoría económica existente, o bien basarse en la distinción entre desarrollo y crecimiento de la economía ecológica, cuyo principal exponente fue Daly.

Los economistas medioambietalistas originan la posible utilización de crecimiento sostenible, alejándose en cierta forma de la concepción de otro desarrollo y acercándose más a la teoría neoliberal del desarrollo.

Como alternativa a esta proposición, los economistas ecológicos optan por el abandono de los viejos esquemas y plasman la imposibilidad de un crecimiento sostenible, surgiendo una nueva teoría alternativa (realiza un análisis mundial más que regional) más cercana al ecodesarrollo, la economía ecológica.

Daly confirma el sentido del desarrollo sostenible en la economía, "pero sólo si se entiende como desarrollo sin crecimiento". Para ello este autor distingue entre crecimiento y desarrollo, caracterizando al primero como aumento cuantitativo mientras que el segundo se fundamenta en un mejoramiento cualitativo. Por tanto, el desarrollo sostenible se calificaría como una mejora cualitativa de la base económica y social permitiendo satisfacer las necesidades básicas, pero sin sobrepasar la capacidad de sustentación de la naturaleza, ni forzar el ecosistema.

Lo que tendríamos que extraer fundamentalmente del desarrollo sostenible, de la economía ecológica y de la economía medioambiental aplicable al enfoque del Desarrollo Local es la necesidad inminente de invertir en medio ambiente si queremos realmente crecer, y a la vez tenemos que crecer para poder invertir en medio ambiente.

 

II.2.4. Desarrollo Multidimensional

El carácter multidisciplinar dominante pretende alcanzar el conocimiento integral y global de la sociedad, para más tarde, tras un análisis profundo llegar a realizar actuaciones locales. Ya Schumpeter en 1912 observaba que la transformación económica no podía explicarse solamente teniendo en cuenta las condiciones económicas, sino que estas últimas dependían en todo momento de los aspectos sociales y culturales inherentes a las mismas.

Los contenidos de esta estrategia multidisciplinar de desarrollo son fácilmente identificables: descentralizada, participativa, urbana o rural, territorial, independiente, con equilibrio ecológico..., en la cual los recursos humanos y territoriales alcanzan un complejo entramado con el fin de modelizar y potenciar el desarrollo local.

Esta nueva concepción del desarrollo hace hincapié en las políticas necesarias para la erradicación de la pobreza, para la provisión de oportunidades de empleo más diversificada y la reducción de los desequilibrios salariales. Para esto, el desarrollo debe generar una reorganización y reorientación de los sistemas económicos y sociales, dando lugar a cambios radicales en las estructuras institucionales, sociales y administrativas, así como en las actitudes y a veces, en las costumbres y creencias populares. Sin olvidar que estos y otros objetivos igualitarios deberán alcanzarse dentro del contexto de una economía creciente, pero sin considerar el crecimiento económico en sí mismo en una posición preponderante como se utilizaba en los enfoques lineales.

 

II.2.5. Etnodesarrollo

En este apartado tendríamos que resaltar una nueva dimensión de "otro desarrollo", la articulación de los valores étnicos y culturales de cada comunidad dentro de las bases para el éxito de la estrategia de desarrollo. De esta forma se incorporó el concepto de etnodesarrollo al vocabulario del desarrollo.

Por etnodesarrollo podemos entender el conjunto de principios del desarrollo que resaltan el potencial de los diferentes grupos étnicos, excluyendo sus aspectos violentos.

En las sociedades multiétnicas surgen problemas económicos (desajustes regionales, exploración de nuevas fronteras, conflictos del mercado de trabajo, inversión en infraestructura con impacto en los sistemas económicos locales...), que tienden a enfrentar la racionalidad económica y la racionalidad cultural, la funcionalidad y el desarrollo territorial originando conflictos difíciles de solucionar. Estos conflictos internos tienen que ser subsanados de alguna manera para la satisfacción óptima del objetivo final y es ante esta situación, donde surge de forma clara la descentralización territorial al amparo de las bases culturales endógenas de la sociedad.

La evolución del etnodesarrollo ha sido lenta e incluso nos atreveríamos a decir que inexistente, dando como resultado el vacío analítico que lo caracteriza predominando las disertaciones que han dejado las puertas abiertas para su futuro estudio y consolidación en otros enfoques de desarrollo.

Recientemente y ante el hecho de llevar el desarrollo a nivel local se ha podido retomar la creencia de la importancia de la población y de la sociedad civil, y no de los elementos materiales, como elemento contributivo al proceso de desarrollo. Dicho aspecto se canalizará como principal divergencia en cuanto a la teoría convencional del desarrollo, donde se asumen estas diferencias culturales como aspecto irrelevante, asimilable a la división productiva de la sociedad (productores, vendedores, compradores...).

Para una mayor consolidación del enfoque localista, bajo el ámbito del etnodesarrollo, tendríamos que tener en cuenta que la estrategia de desarrollo es el resultado de una especialización de los gestores públicos locales ante el acercamiento territorial-cultural y económico. Esta necesidad ha incentivado a los autores del ámbito local a retomar esta idea en el campo del desarrollo local, puesto que este enfoque tiene su mayor éxito en países desarrollados con ciertos desequilibrios regionales, donde se puede contar con un grupo de personas con capacidades políticas y técnicas avanzadas que ayuden a la consolidación integral del territorio, con una identificación cultural endógena.

 

II.2.6. Desarrollo Autónomo

Otro concepto clave entre las teorías alternativas es el "self-reliance", acuñado en la década de los setenta, recogido y utilizado en el Relatorio de Uppsala. En este documento se define el self-reliance como el conjunto de los distintos estilos de desarrollo y de vida que estimula la creatividad y conduce a una mejor utilización de los factores de producción; de esta forma, disminuye la vulnerabilidad y la dependencia, dichas sociedades cuentan con sus propias fuerzas de resistencia, confianza en sí mismos y buscan los medios para ser dignos.

Como se puede apreciar en esta definición, el self-reliance entendido como la autonomía que acompaña al desarrollo es la base práctica de la independencia que emerge de las estrategias de desarrollo, tanto a nivel nacional como local.

El concepto fue ganando importancia en el contexto internacional, a lo largo del debate del Nuevo Orden Económico Internacional e incluso en el seno de la reunión de Cocoyoc (1974) y el Informe Dag Hammarskjöld Foundation, hasta llegar a principios de los ochenta, donde Johan Galtung eleva esta autonomía a la condición necesaria de toda estrategia de desarrollo para la consecución del éxito requerido.

De esta forma, se introduce en la autonomía una planificación integral de la sociedad y de la economía. No es aplicada sólo a la política económica, ni sólo en un ámbito nacional, sino que tendría que aplicarse multidimensionalmente a los distintos niveles territoriales (nacional, regional y local) y a las distintas relaciones socio-económicas que impliquen fundamentalmente transformaciones estructurales en la política, la economía y la sociedad.

Esta transformación estructural, esencial para el desarrollo económico, pone en escena la relación directa del tamaño del territorio (la descentralización en la toma de decisiones y el tamaño mínimo con una cierta autonomía) con la planificación centralizadora necesaria ante el sistema y el mercado internacional. Renace, por tanto, la búsqueda de una serie de uniones entre territorios que ayudan a superar el supuesto resultado final, mediante la complementación y el aprovechamiento de los recursos comunes.

Por tanto, y a modo de conclusión de este enfoque, tendríamos que analizar e ir construyendo una nueva base empírica y teórica que ayude en el propósito de la descentralización, desarrollo y coordinación a todos los niveles hacia donde avanza la sociedad actual, y donde se puedan utilizar los recursos endógenos de la zona, sin olvidar lo que suceda en el territorio cercano que se identifica con unas características homogéneas al mismo.

Una estrategia de planificación comprensiva requiere una independencia, vista como precondición para una posterior cooperación entre los distintos niveles: local, regional y nacional. Es con referencia al nivel local y regional donde encontramos contribuciones alternativas, mientras que la independencia nacional es una corriente predominante en todos los momentos de la economía. Por tanto, la discusión del desarrollo dentro de la tradición de los estudios de desarrollo ha estado enmarcada en el ámbito nacional, pero con el estudio de estas teorías alternativas se empieza a ver una puerta abierta al entorno local como base actual de desarrollo.

 

II.2.7. Desarrollo Endógeno

El desarrollo endógeno añade a la estrategia de desarrollo la dimensión territorial. El territorio juega un papel muy importante y su desconocimiento puede generar dificultades en la implantación de políticas de desarrollo en territorios concretos, con características particulares.

El desarrollo endógeno debe plantearse como reto la evolución o reanimación, "en zonas relativamente atrasadas, de la capacidad de adaptación a las condiciones cambiantes de los mercados, de la tecnología, de la organización" . Como se puede apreciar las distintas teorías del desarrollo que pretendían definirlo con el análisis del nivel tecnológico adecuado, olvidan que tanto los saberes científicos como tecnológicos están implicados en una trama cultural y social concreta, si a la vez recordamos que todas la comunidades territoriales cuentan con uno o varios rasgos diferenciadores que constituyen el soporte del crecimiento y del avance del nivel de vida de sus habitantes.

"Durante decenios las políticas orientadas hacia la difusión del desarrollo han impedido y, en todo caso, condicionado el nacimiento y expansión de experiencias de desarrollo endógeno". Por ello, la consolidación de este enfoque requiere la participación combinada de la población local, los empresarios privados y el sector político-administrativo en la creación de un entorno favorable para la promoción de sus propias capacidades y, de esta forma, encauzar el desarrollo autocentrado.

Por tanto, la tesis central de este enfoque podemos trasladarla como base del desarrollo local, donde el análisis de las oportunidades reales del espacio territorial es el inicio de un avance integral en el desarrollo comunitario.

 

II.2.8. Desarrollo Humano

La crisis de principios de los noventa y la necesidad de progreso generada para esos mismos años, hace planificar un desarrollo caracterizado por la consecución de objetivos tales como la aceleración del crecimiento económico, la reducción de la pobreza absoluta y la prevención de mayores deterioros del entorno físico. El camino más efectivo para el desarrollo es un equilibrio entre el crecimiento económico acompañado por una distribución razonable y equitativa de los ingresos.

Como se puede apreciar se sigue hablando de aspectos mencionados con anterioridad (crecimiento con equidad, satisfacción de necesidades, desarrollo participativo y sostenible...), pero en este entorno una nueva dimensión del desarrollo empieza a tener una mayor importancia, el desarrollo humano.

Esta dimensión va más allá de la propia satisfacción de las necesidades básicas, ya que atiende tanto a la distribución de los recursos, en el seno de un proceso dinámico de participación social que avala su propio equilibrio, como a la inversión y la producción que generan el uso intensivo del capital. Por tanto, el desarrollo humano abarca dimensiones tales como la política, la economía y la sociedad, respetando el equilibrio y el desarrollo de las capacidades humanas antes que las productivas o eminentemente lucrativas.

Si bien este enfoque cuenta con aspectos altamente positivos (utilizables en la actualidad), volvemos a encontrarnos con el hándicap de su deficiente respaldo teórico, que no le permitirá una conceptualización firme que avale una teoría general del desarrollo humano.

En definitiva, podría decirse que todas las teorías alternativas del desarrollo, comentadas anteriormente, aportan diferentes conceptos nuevos en la forma de entender el desarrollo. De tal forma, que todas estas teorías, con sus correspondientes aportaciones, pueden ser integradas, tal y como se recoge posteriormente, en la Teoría del Desarrollo Local.

 

 

II.3. ASPECTOS ESENCIALES HACIA EL DESARROLLO LOCAL

Los trabajos de Perroux, Myrdal y Hirschman han servido de base a la posterior teoría del desarrollo polarizado; ésta ha influido en las políticas orientadas a los polos de desarrollo utilizados en los años sesenta y setenta en el territorio español, para más tarde y tras la conceptualización del "espacio económico" como instrumento indispensable y agente dinamizador, llegar a las teorías difusoras del desarrollo y el desarrollo endógeno en sí.

A lo largo de la evolución histórica, a través de las distintas teorías del desarrollo, hemos ido extrayendo algunas ideas que enlazarían con la preocupación por el desarrollo que en la actualidad revivimos, con la situación de crisis que ocupa al mundo occidental y que a lo largo de nuestro trabajo iremos profundizando más en ellas. Ya desde estas primeras teorías podemos ir encontrando importantes antecedentes del Enfoque del Desarrollo Local, que sin duda influyeron en la elaboración teórica de éste.

En primer lugar, tendríamos que hacer mención a la incorporación de la variable tecnológica como una de las bases del desarrollo del territorio. Ya desde la escuela Institucionalista, con Veblen, Ayres y Common a la cabeza, hasta los Estructuralistas contrastaban la tecnología como la base necesaria para el desarrollo de la sociedad. En la actualidad, y ante la reorganización productiva de los años ochenta, vuelve a renacer la importancia de una nueva organización de la empresa donde la mano de obra contribuye a la producción mediante la incorporación de Nuevas Tecnologías, que facilitan la pluralidad de formas y la generación y evolución de nuevos modelos de desarrollo que potencian la igualdad entre las diversas regiones.

Posteriormente los autores neoclásicos pasan a entender el desarrollo como la satisfacción de las necesidades básicas mediante la utilización óptima de los recursos. En esos momentos la economía local carece del dinamismo necesario entre sus fronteras para aprovechar los recursos autóctonos, tanto naturales como humanos, y necesita del efecto de difusión y gradualidad que sigue la estrategia de desarrollo en el ámbito territorial y local.

Esta herencia neoclásica es recogida por la Teoría del Desarrollo Local, garantizando la estrategia bajo la definición del desarrollo como proceso gradual y continuo, sin cambios bruscos y con una transmisión armoniosa y acumulativa de sus avances y beneficios.

Más tarde es de Schumpeter de donde podríamos extraer la idea de la nueva combinación de factores endógenos, dando mayor importancia al mejor empleo de los recursos existentes que al empleo de recursos externos. De esta forma, aparece el empresario capitalista como verdadero gestor e incentivador del desarrollo, en contra de la innovación que es condición necesaria pero no suficiente generadora de desarrollo. El proceso de desarrollo de Schumpeter aparece... donde el espíritu empresarial y de aventura crean un estímulo favorable para que sea imitado por los otros que muestran un menor espíritu.

Esta nueva variable va a constituir el soporte y la clave del éxito de la Estrategia de Desarrollo Local. Descendemos al plano microeconómico en busca del agente principal del desarrollo, puesto que la dinámica de la realidad zonal depende de la integración y actuación del empresariado local en el territorio. "Las empresas son los ámbitos en los que se realizan las nuevas combinaciones y los empresarios son los encargados de producirlas y llevarlas a la práctica".

Posteriormente y bajo el Enfoque de la Modernización, aparece el concepto de difusión, como la forma de propagar el capital externo y la tecnología que constituyen el motor del proceso de desarrollo. Tanto Perroux, con los polos de desarrollo, como Kuznets han sido puntos de referencia para aportaciones posteriores siguiendo la línea del desarrollo endógeno y más tarde el desarrollo local, donde la variable territorial toma enorme importancia.

La teoría estructuralista de la dependencia impulsa las políticas de desarrollo autocentrado y autóctono en los países latinoamericanos, en la década de los setenta. Las deficiencias de este modelo, basadas en el rechazo del beneficio mutuo, con el aprovechamiento interno de los recursos nacionales, lleva a la elaboración en los años noventa del informe de la CEPAL sobre transformación productiva con equidad, que origine la mejora en la distribución de los ingresos y consecuentemente, la mayor integración regional al Orden Económico Internacional.

Ante estas características, son las ventajas comparativas las que alzan el nivel de desarrollo del aparato productivo, generando la elevación del nivel de vida de la población. Abogamos, por tanto, por el mantenimiento en la Estrategia de Desarrollo Local, de aquellos valores internos que suponen la diversificación productiva, que transforma los bienes primarios en productos elaborados o semielaborados para la satisfacción de la demanda interna y la exportación y generación de beneficios hacia el exterior.

De las anteriores características podríamos extraer la importancia de trabajar hacia fuera y no centrados en el ámbito interno, aspecto a tener en cuenta en enfoques posteriores. En resumidas cuentas, se genera una ampliación de mercado que posibilita la reducción de los costes en las empresas exportadoras de productos industriales, tras la utilización de las economías de escala. Al mismo tiempo, estos autores reparten el impacto que puede ejercer los factores externos sobre los resultados económicos, originando un desarrollo desde dentro (basado en elementos internos) hacia fuera (incentivando la exportación).

El Banco Mundial adoptó una versión modificada, en la cual la redistribución y el crecimiento eran tratados como complementarios en la nueva estrategia de desarrollo. La popularidad de este acercamiento fue el corolario, y ante esta nueva concepción globalizadora, los economistas se enfrentan al dilema, tratando de desarrollar una nueva economía, con una dimensión más restringida. De esta forma, la base territorial local y el desarrollo independiente y autónomo emergen como conceptos estratégicos, de acuerdo con la filosofía del Nuevo Orden Económico Internacional. El desarrollo es básicamente el resultado de la especialización y de la avanzada división del trabajo entre las regiones, siendo éstas mismas las que deben ser desarrolladas, resaltando de ésta forma, el contenido territorial del desarrollo.

Este desarrollo alternativo debe estar orientado hacia la satisfacción de las necesidades de cada uno de los individuos en particular, y de la sociedad en general. Esto hace resurgir la necesidad de un enfoque teórico-práctico que favorezca el acercamiento a otras disciplinas de conocimiento. Y es con las teorías alternativas del desarrollo cuando se trasformó la noción de desarrollo, pasando de un enfoque centrado en la acumulación de capital a otro fundamentado en el desarrollo endógeno, igualitario, autónomo, sostenible y ecológico.

Esta estrategia pone de manifiesto diversas dimensiones del desarrollo. Entre ellas podemos analizar el equilibrio entre el desarrollo de la comunidad y el medio ambiente hacia el que camina el Desarrollo Sostenible, postulado que se basa en la necesidad de no comprometer el futuro de las generaciones siguientes para el desarrollo de las contemporáneas. La variable medioambiental integrada en las actuales políticas de desarrollo, ha sido reclamada por su valor fundamental en el proceso de desarrollo. La preservación de medio ambiente se puede entender como exigencia a medio y largo plazo en aras del desarrollo, pero el problema ha suscitado cuando algunos gobiernos han intentado valorarlo sólo a corto plazo, puesto que ésta exigencia amortiguaría dicho proceso, consiguiendo el retraso en la evolución del debate.

Otra importante dimensión del desarrollo alternativo la encontramos en la concepción del etnodesarrollo, donde incluye el aspecto cultural y étnico dentro de las variables significativas y determinantes en la estrategia de desarrollo. El comportamiento de la población va a depender, en cierto sentido, de la asimilación de sus propios valores que determinarán las normas de conducta de la sociedad. Una adecuada combinación de cultura y modernización es la filosofía que lleva al Desarrollo Local a añadir la variable territorial y autóctona dentro de su proceso de desarrollo.

Posteriormente el endodesarrollo o versión anterior y más cercana al Desarrollo Local, recoge la importancia de las políticas microeconómicas, con la toma de decisión a nivel local, pero complementada con un elemento importante como es la integración de estas políticas en el ámbito supranacional. La descentralización en la toma de decisiones permite la participación de la comunidad y refuerza la dimensión local en las Políticas de Bienestar Social y Económico del territorio.

Como hemos visto, el nuevo modelo de desarrollo presenta similitudes con el viejo: es un proceso de desarrollo capitalista desigual, desde el momento en que las relaciones entre sociedad local y cambio social se conciben de la misma forma.

 

 

II.4. ALGUNAS PRECISIONES TEÓRICAS SOBRE DESARROLLO LOCAL

II.4.1. ¿Porqué, cómo y dónde surge el Desarrllo Local?

La década de los años ochenta ha presenciado un cambio (más relevantes en unos países que en otros) en el diseño de las políticas económicas implantadas por los distintos gobiernos occidentales para la consecución de los objetivos de crecimiento/desarrollo económico, lucha contra la inflación y ampliación de los niveles de empleo.

Parece claro que en general las políticas económicas de corte keynesiano fueron bastante útiles para recuperar las maltrechas economías europeas después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, estas políticas económicas basadas en razonamientos asentados sobre la teoría macroeconómica defendida por las corrientes keynesianas más ortodoxa, empezaban a revelarse insuficientes para luchar contra un nuevo fenómeno que empezó a manifestarse a raíz de la crisis de los años setenta: estancamiento económico acompañados de altos niveles de desempleo y cifras de inflación elevadas (estanflación).

En efecto, desde finales de los cuarenta y hasta la irrupción de la llamada crisis del petróleo, la acción de los "policy makers", se basaba fundamentalmente en la elaboración de programas que incidirán en el lado de la demanda agregada de la economía. Estos programas se enmarcaban en estrategias de política fiscal y/o política monetaria.

En las décadas siguientes (años cincuenta y sesenta), ya hemos visto como los enfoques neoclásicos y keynesiano especulaban con la movilidad de los factores productivos para conseguir mejores resultados de la economía. De esta forma, resaltaban la importancia de los incentivos a la localización industrial, la creación de nuevas infraestructuras que llevasen al empresario a instalarse en determinadas áreas.

Sin embargo, ante el cambio, ante la crisis económica que se produce en Europa en los años setenta, caracterizada como estructural y no coyuntural, donde se empieza a cuestionar la organización y los modelos de política macroeconómica como la panacea para la solución de los problemas, surge el análisis alternativo y el desarrollo de políticas microeconómicas basadas en la descentralización de las competencias Estatales hacia Entidades Regionales y Locales.

Este cambio de circunstancias empieza a poner de relieve las limitaciones básicas de este tipo de políticas, que en líneas generales podrían ser clasificadas en cuatro grandes categorías:

  • En primer lugar, cabe señalar las dificultades que se encontraron desde los distintos gobiernos para elevar la demanda agregada. Desde el lado de la expansión del gasto público, las restricciones presupuestarias y el riesgo de desplazar la inversión privada utilizando medidas fiscales y monetarias para paliar los déficits (originados en gran medida por la puesta en práctica de políticas expansivas) aparecen como los inconvenientes más relevantes. Por otro lado, los intentos de aumentar el consumo privado en gran medida se tradujeron en tensiones inflacionistas. El fomento de la inversión desde una perspectiva global tampoco parecía ser lo más conveniente dada la existencia de sectores con superproducción en la economía. Y por último, las políticas de incremento de las exportaciones se encontraban con un panorama internacional cada vez más interrelacionado, en el que el uso de una política comercial agresiva podría traer graves consecuencias.
  • En segundo lugar, aun en caso de éxito en el aumento de la demanda agregada, este incremento podía no ocasionar igual respuesta en la producción y sobre todo en el empleo. Ante esta situación de crisis, el hecho más probable es que esta circunstancia se tradujera en un aumento de los precios, habida cuenta de la rigidez en ese momento de la relación entre empleo y producción.
  • En tercer lugar, las tensiones inflacionistas que las políticas expansivas pudieran ocasionar agravaban el problema de mantener el nivel de competitividad vía precios con el resto de los países.
  • Por último, y quizás más importante, los artífices de la política económica empezaron a cuestionarse la verdadera utilidad de una política centrada en la demanda, cuando los problemas más evidentes parecían estar más relacionados con el lado de la oferta: los elevados costes de producción, tanto en términos energéticos como salariales, así como los diferentes ritmos que seguía la productividad, estancada en algunos sectores y avanzando espectacularmente en otros.

 

A partir de estas objeciones a las políticas de demanda surgen toda una serie de planteamientos cuyas elaboraciones teóricas se engloban bajo el nombre de Economía de la Oferta. En general, bajo esta acepción se defiende la importancia del comportamiento individual y de los incentivos como fuerzas conductoras de la economía. Así, la Economía de la Oferta estudia la respuesta de los agentes económicos ante los cambios en las circunstancias de la producción. Se preocupa de que se establezcan las condiciones para que el sistema económico sea flexible de forma que los agentes puedan adaptarse con rapidez y eficacia a los cambios que se producen en el sistema económico.

Ante esta nueva perspectiva, los gobiernos propugnan la reducción de los impuestos como incentivo a la inversión y a la generación de empleo; la disminución de la burocracia y de la regulación económica y la aplicación de normas estables de política que reduzcan lo máximo posible la incertidumbre de los agentes económicos ante la generación de las nuevas medidas.

De igual forma, los gobiernos centrales no encontraban ideas novedosas, ni efectivas para aplicar a los ámbitos regionales. Llegando a que estas políticas regionales se concebirían de diferente forma según el modelo desde donde estuvieran conceptualizadas y, por tanto, darían resultados distintos y ninguno satisfactorio. Mientras las políticas keynesianas regionales se basan en la deslocalización de las plantas y empresas con problemas, las políticas localistas se encauzan hacia la implantación y desarrollo de empresas endógenas y autóctonas del territorio.

Como afirmábamos al principio, el efecto de esta nueva posición doctrinal se ha reflejado en algunos aspectos de los programas económicos de gobierno puestos en práctica durante la década de los ochenta (EE.UU. con el presidente Ronald Reagan y el Reino Unido con la primera ministra Margaret Thacher). Sin embargo, los resultados no han sido todo lo esperanzadores que los teóricos vaticinaban. Este hecho viene a corroborar la idea que algunos autores anteriores mantenían sobre la necesidad de aplicar una política económica mixta, que completara la puesta en práctica de programas en los que se tuvieran en cuenta y se pusiera el mismo énfasis en el lado de la demanda (renta) y de la oferta (producción) de la economía, por conformar ambos una misma realidad.

De la misma forma surge el debate, muy relacionado con el anterior, que podríamos identificar como la necesidad de enlazar las medidas tendentes a la mejora de los datos macroeconómicos fundamentales con otras dirigidas a actuar sobre las unidades microeconómicas, ya que empieza a defenderse que no es posible la consecución del primer objetivo sin el apoyo adecuado al correcto funcionamiento de las unidades económicas individuales.

Esta experiencia abre una nueva visión y camino de desarrollo, cuyo principal objetivo es la generación de riqueza a través de la creación de empleo en áreas intermedias, sobre todo en el Sur Europeo (Centro de Italia y Mediterráneo Español). Y es en este contexto donde surge un nuevo enfoque del Desarrollo Regional identificado con los Sistemas Productivos Locales, los cuales serán estudiados en una Unidad Didáctica posterior.

Los Sistemas Productivos Locales definidos por el Prof. Ricardo Méndez como territorios donde, a lo largo del tiempo, se ha generado un efecto de condensación capaz de favorecer el surgimiento y desarrollo de iniciativas locales, acompañadas en ocasiones por la llegada de inversiones exógenas se encuentran muy relacionados con los distritos industriales propuestos por Marshall y Becattini.

Ya en los años ochenta, las nuevas tecnologías y la reestructuración productiva entran como componentes complementarios a las políticas de empleo en los intentos de respuesta a la crisis de los setenta. Las pequeñas y medianas empresas, la cada vez mayor integración internacional y la inclusión del sector servicios en el ámbito del mercado, hacen que se desplace la importancia de factores como la productividad o el coste hacia la difusión o la innovación tecnológica. Si a esto le añadimos el abandono por parte de las políticas macroeconómicas de variables tan significativas como la descentralización o el desempleo y el efecto tan negativo que origina esta decisión centralista, se llega a la necesidad por parte de los gobiernos locales de una intervención directa e indirecta sobre sus propias políticas y sobre la movilización de su potencial endógeno.

Las administraciones regionales y locales empiezan a conformarse como los centros de decisión más cercanos a los problemas. De esta forma, aparece el reconocimiento que la Comisión de las Comunidades Europeas hace del desarrollo local, incentivando las propuestas o iniciativas locales de creación de empleo, integrando el desarrollo local en la Política Agraria Común como instrumento de reequilibrio entre las distintas regiones rurales e incluso instando a los países miembros a presentar solicitudes para la concesión de ayudas económicas en la puesta en macha de planes de desarrollo local en sus respectivos territorios.

Atendiendo a estas circunstancias empieza a fraguarse el nuevo modelo de desarrollo, que en ocasiones encontramos con los calificativos de endógeno, autóctono, difuso o local. Este nuevo modelo tiene su origen en la nueva visión de los problemas de la sociedad occidental, que ponen en entredicho los anteriores que no llegan a dar solución a la crisis internacional con elevadas tasas de paro de carácter estructural que provocaba la puesta en marcha de medidas urgentes en el ámbito de lo local. Todo ello da lugar a un avance espectacular de la gestión de las corporaciones locales como poder fáctico más cercano a la población y a un nuevo planteamiento ante los recursos con los que cuenta el territorio.

En los siguientes apartados vamos a analizar brevemente los principales pilares contextuales en los que se basa este nuevo modelo de desarrollo y en qué medida se puede dar respuesta desde el mismo a la satisfacción de las necesidades de la población.

 

Altas tasas de desempleo

Uno de los problemas más graves con los que se ha encontrado los países occidentales en la segunda mitad de los setenta, pero especialmente agudizado en la década siguiente, ha sido sin duda las altas tasas de desempleo que han tenido que soportar estas economías.

La importancia de este problema podemos apreciarlo precisamente en la evolución que sigue las tasas de desempleo en los países de Europa. Podemos ver que en los años sesenta tratamos con unas tasas muy reducidas e incluso en algunos de ellos insignificantes, que relegaban el problema a un segundo plano; pero es precisamente a partir de mitad de los setenta cuando se produce un incremento desmesurado de la variable estudiada, que empieza a plantear la necesidad de nuevos caminos y nuevas políticas para solucionar esta situación, hasta convertirse en los años ochenta en el gran problema de la sociedad del momento.

Si limitamos más el estudio y nos centramos sólo en los datos que nos pueden proporcionar los países mediterráneos (gráfico 3.1), podemos ver como la situación todavía es más complicada que en el resto de Europa. Estas cifras se vuelven dramáticas hacia mitad de los años ochenta lo que da lugar a actuaciones inmediatas por parte de los gobiernos, tanto comunitarios, como nacionales e incluso locales para solucionar la situación.

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FUENTE: Datos de la OCDE.

 

Estas soluciones se hacen difícil teniendo en cuenta que el proceso de cambio socioeconómico que se ha registrado en la sociedad y en la economía contemporánea, han provocado alteraciones bastante importantes en el comportamiento empresarial de la oferta y transformaciones en los gustos y en las pautas de la demanda, que han originado una crisis profunda en los mecanismos de producción fordistas orientados sobre todo hacia las nuevas tecnologías y hacia la globalización y terciarización de la economía.

No podemos solucionar esta problemática tan sólo con las grandes multinacionales o los polos de desarrollo (estos elementos los mencionamos a modo de ejemplo) que implantaban sus sedes en los territorios más devastados, sin analizar hacia dónde iban los rendimientos. Estas circunstancias han tenido como resultado un aumento en las cifras y en la duración del desempleo, que provoca una situación límite en la precariedad y la vulnerabilidad de la población desempleada.

A partir de la crisis de estas economías occidentales, el paro de corta duración no sólo no desapareció, sino que se transformó en un paro estructural de larga duración.

La fragilización de la sociedad hace muy complejo el análisis y la reestructuración productiva necesaria, que a la postre sería la inmediata solución a las desigualdades de la escala social de la población y, por tanto, se intensificará la importancia del problema del que hablamos. En estos años la variable "desempleo" pasa a ocupar un lugar predominante en los debates que se producen dentro de la concepción del Estado de Bienestar y de la modificación del modelo de desarrollo que se va imponiendo en la sociedad europea. El desempleo como variable estructural no sólo alcanza la privación de un valor reconocido como es la ocupación, sino que también plantea un nuevo status, reconocido por la propia sociedad, que diferencia el modo de vida y los horizontes a medio y largo plazo de una sociedad, donde la pobreza y la marginación empiezan a confundirse con las estructuras económicas y sociales del territorio.

En la misma línea, estos aspectos se acercan cada vez más al ámbito local puesto que, como hemos dicho anteriormente, esta problemática incide en el comportamiento cotidiano y en la misma identidad de la población del municipio; por tanto, hemos de integrar esta realidad al contexto y a la problemática local para ser analizada y conseguir aportar soluciones desde las esferas locales.

En este sentido resurgen los mercados de trabajo locales caracterizados como mercados abiertos a los flujos de trabajo, con profundas interacciones con el resto del territorio y donde el espacio puede llegar a diferenciar las estructuras productivas y económicas. Como podemos ver, se empieza a fraguar una nueva forma de ver la problemática laboral, donde el territorio y los agentes internos tienen algo que decir en la programación y en la creación de puestos de trabajo.

Es importante acercarse a la problemática desde abajo para lo cual se necesita un mayor poder de análisis y de actuación de los gobiernos locales, que tienen en sus manos el problema y lo conocen desde sus propios ayuntamientos y, por tanto, pueden contar con un mejor criterio para apoyar el bagaje cuantitativo y cualitativo de la problemática.

Por tanto, es bajo esta crisis del empleo y la situación límite creada por el mismo, donde resurgen estas políticas como generadoras de puestos de trabajo y solución a la emigración del capital.

 

Proceso descentralizador

Otro bastión importante donde busca su base esta forma de desarrollo es el proceso descentralizador que se vivió y que se está viviendo en las administraciones públicas. El proceso descentralizador no es ni mucho menos un aspecto novedoso de nuestro época ya en tiempos antiguos se podían ver actuaciones en ese sentido. La importancia de la centralización y de la descentralización ha ido saliendo a la palestra de una forma pendular a lo largo de los tiempos.

En España, a partir de 1978, tanto en su Constitución como a través de la Ley de Bases de Régimen Local, se incrementa la responsabilidad de los Gobiernos Locales para potenciar el desarrollo integral en cada una de sus zonas, fomentando y construyendo su propia realidad social. Más concretamente el Estado español se compromete a asumir las consecuencias ocasionadas por la utilización del desarrollo local mediante la firma de la Carta Europea de Autonomía Local de 1988, confirmando la línea de descentralización que pretende el Gobierno Central llevar a cabo entre sus entidades territoriales.

Hemos de tener en cuenta que en los últimos años se ha recorrido mucho camino en el avance de la autonomía local, que ha ayudado a ir otorgando mucha mayor importancia a los entes locales en su trabajo diario en el terreno, en contra de las posiciones de fuerza de la Administración Central, pero todavía falta mucho por determinar pues es muy complicado y limitativo definir las competencias locales sobre la base de reservarles el cuidado de los asuntos propios, igualmente estéril y complejo es pretender abrir ilimitadamente la vida local y atribuir competencias sólo limitables por el Ordenamiento, entendiendo éste como conjunto de leyes imperativas o prohibitivas.

Pero cuando hablamos de políticas de desarrollo local, ¿qué dimensión tiene el concepto de "lo local"?, ¿qué tamaño debe tener la zona tratada?, ¿el desarrollo local sirve tanto para un pequeño municipio como para una comarca?; en definitiva ¿qué es lo local y hasta qué punto es importante la descentralización en el momento actual y en las políticas de desarrollo?.

El término local no se puede especificar mediante una fórmula matemática y mediante ésta, saber cuáles son sus límites; en cada momento y según cada zona analizada tendremos que trabajar con una dimensión u otra. Tal y como lo expresa Fermín Rodríguez Gutiérrez, lo local no se articula exclusivamente de acuerdo con una funcionalidad económica... Es también, y generalmente sobre todo, el espacio de inserción de una comunidad cultural, que actúa sobre su territorio de acuerdo con unas prácticas, normas y valores anclados en un fondo cultural.

De esta forma el territorio al cual se dirige el Desarrollo local va a venir caracterizado por valores sociales, culturales y económicos homogéneos y no sólo administrativos. Por tanto, las características que delimitarán el escenario local consistirá en la existencia de una identidad social de la zona y la existencia de un tejido humano "dispuesto a rebelarse" con éxito.

Como vemos esta importancia de la descentralización y la mayor responsabilidad de los gobiernos locales llevan a una crisis de las respuestas centralizadoras (como las realizadas en los años sesenta), las teorías fundamentadas en el desarrollo desde arriba van quedando obsoletas para ir dando paso a las basadas en el desarrollo desde abajo, como las teorías del desarrollo endógeno, autóctono o local o a las teorías mixtas que aplican elementos de ambas tendencias.

 

Crisis internacional y local

A partir de los años setenta empiezan a plantearse un serie de fenómenos económicos que hace tambalearse todo el entramado político y económico de la sociedad de posguerra. La lucha entre los diferentes centros hegemónicos, la transformación en la dinámica de la competencia entre los mercados internacionales, las expectativas surgidas por el final de la II Guerra Mundial hacen que empiecen a plantearse nuevas alternativas para el desarrollo de la sociedad de posguerra.

En esta misma línea tenemos que reconocer que el nuevo orden económico mundial no se plantea desde la perspectiva de la bipolaridad sino desde "la mundialización regionalizada". La solución a los problemas actuales como son el paro, la pobreza, el medioambiente y la mala redistribución de la riqueza pasan por "la posibilidad de una descentralización jerarquizada en niveles: primero global (...) y segundo, regional, en grandes áreas de influencia".

En este contexto internacional cada vez se veía más claro que los países y zonas periféricas iban viendo el fin de sus recursos endógenos sin conseguir salir de la situación de pobreza que vivían y los países del centro, tenían que buscar nuevas alternativas a la crisis que se les estaba viniendo encima con altas tasas de paro, marginación y pobreza entre sus ciudadanos.

Estos síntomas de la crisis actual y el fracaso de los modelos de desarrollo utilizados hasta el momento ha impulsado a los distintos actores a la búsqueda de nuevos instrumentos teóricos que plantearan la transformación del modelo de producción "fordista" a una producción mucho más flexible con apreciaciones sociales y territoriales, sobre todo teniendo en cuenta los cambios esenciales tanto en la oferta como en la demanda que se están produciendo y proporcionando la rapidez con que nos tenemos que ir adaptando a las nuevas circunstancias.

También podríamos resaltar el abandono cada vez mayor, de la Nación como ente generador de crecimiento, o de desarrollo a nivel mundial, puesto que ya hemos comentado con antelación que es difícil enfrentarnos a los problemas diarios desde el ámbito estatal solamente. Es justo ante esta crisis de valores sociales y económicos cuando se plantea la transformación de las actuaciones y los nuevos ámbitos de actuación regional y local, más cercanos a la población objetivo. Debemos ir hacia un nuevo compromiso entre lo global y lo regional, lo nacional y lo local. La estratificación tendrá que ser definida de nuevo.

 

Crisis del desarrollo desde arriba

Tradicionalmente en España se ha ido trabajando en Política Regional dirigiendo las respuestas hacia la movilidad del capital y de la mano de obra para reducir las diferencias regionales; para lo cual a finales de los años sesenta se implantan en España una serie de polos de desarrollo con la intención de reequilibrar la producción entre las zonas más desfavorecidas. Estas medidas se llevan a cabo mediante la implantación de grandes proyectos derivados de la gestión centralizada del Estado intentando sobre todo el crecimiento cuantitativo de las variables macroeconómicas.

Esta situación, lejos de ayudar a reducir los desequilibrios, lo que proporciona es una fuga de los beneficios ocasionados por estas empresas hacia sus lugares de origen, dejando en las propias zonas solamente un reducido margen de valor añadido y una cuantía grande de deterioros ecológicos y sociales. Además, los resultados los podríamos caracterizar de ridículos teniendo en cuenta lo desproporcionado de los recursos financieros empleados por la Administración Central.

Otro aspecto, muy conectado con el anterior, que tendríamos que tener en cuenta tras la década de los setenta, es la nueva forma de enfocar el desarrollo hacia las zonas periféricas mediante la descentralización de la producción, utilizando nuevos conceptos en las teorías de desarrollo, como son "la infraestructuras física, la capacidad de la mano de obra, la estructura sectorial local, el conocimiento técnico y de organización local, las estructuras locales sociales e institucionales, etc..., que como vemos centran mucho más la atención en la optimización de los recursos locales y en la innovación tecnológica y empresarial que pueda surgir de la propia sociedad.

Iniciamos esta década, caracterizada por altas tasas de desempleo, con un incremento cuantitativo muy espectacular de esta variable, pero la problemática se intensifica si analizamos el aspecto cualitativo (las mujeres y los jóvenes se incorporan a un mercado de trabajo altamente masculino, se modifican los perfiles profesionales ante los grandes cambios ocupacionales del momento, originados sobre todo por las innovaciones tecnológicas y organizativas del mercado internacional), que lo agrava enormemente e intensifica la dificultad de las soluciones.

Bajo esta idea, en los años ochenta empiezan a emanar gran número de medidas dictadas desde los poderes locales que lleva a las pequeñas y medianas empresas a asumir el papel estratégico del desarrollo en contra de la importancia que tuvieron las grandes empresas en los años anteriores. Esto ocasiona el inicio de una crisis profunda de todas aquellas políticas tradicionales emanadas desde la autoridad central o "desde arriba", que sin conocimiento de causa planificaba el desarrollo de todo el territorio nacional.

Si nos fijamos, estamos recurriendo a la misma filosofía de la teoría centro-periferia que utilizábamos con anterioridad, el desarrollo de las zonas desfavorecidas era controlado por las propias zonas desarrolladas y la Administración Central que ponían sus condiciones para el mismo. Claro está, estas políticas de desarrollo "desde arriba" proporcionaban un resurgir a corto plazo, pero mantenían una insatisfacción en las organizaciones intermedias y una inseguridad a medio y largo plazo, puesto que el dinamismo económico-empresarial no estaba basado en la sociedad concreta, sino que seguía dependiendo de la estructura y la gestión de las grandes empresas multinacionales.

Surgen nuevos modelos económicos sobre los núcleos rurales y urbanos que evitan la despoblación y la infrautilización de los recursos disponibles, con la aparición de políticas de apoyo económico y asesoramiento social que permiten a la población el abandono de las actividades productivas tradicionales. Claramente vuelven a aparecen conceptos nuevos como son la participación activa de los actores, el compromiso en la asunción de riesgo del ente público y privado, la adecuación de la cualificación profesional o la transferencia de investigación de los centros de I+D a las actividades productivas del entorno.

Hemos de identificar las nuevas políticas con la elaboración de planes de desarrollo basados en el análisis y diagnóstico de las potencialidades de la zona y con los objetivos cualitativos (calidad, flexibilidad, innovación) en lugar prioritario con respecto al crecimiento cuantitativo de las variables macroeconómicas que propugnaba la política tradicional.

En cuanto a la organización y gestión de estas políticas, ya decíamos con anterioridad la importancia de la acción local frente a la administración pública de los recursos. Aunque en este apartado tendríamos que dejar claro que las teorías actuales (desarrollo endógeno, desarrollo local, etc...) dejan la puerta abierta para la compatibilidad de la iniciativa privada con la posibilidad de abonar y ayudar financieramente las posibles actuaciones por parte de las administraciones (ya sea la comunitaria, la nacional o regional) para el desarrollo del municipio.

 

II.4.2. Definición

Antes de dar nuestra propia definición, no podemos dejar de nombrar a dos autores que concentran gran cantidad de conocimientos sobre el tema, tanto a nivel práctico como teórico, por el largo periodo de tiempo que le han dedicado al análisis de estas políticas. Valcarcel-Resalt entiende el desarrollo local como proceso reactivador de la economía y dinamizador de la sociedad local. Con unas características fundamentales que lo definen:

  • el ámbito afectado es regional: zona, comarca, mancomunidad, municipio e incluso la ciudad o alguno de sus barrios;
  • intenta movilizar y aprovechar los recursos internos, tanto humanos, como físicos o naturales;
  • la responsabilidad del proceso recae generalmente en la autoridades locales, aunque las tareas directas de gestión y promoción normalmente se realizan por medio de órganos e instrumentos creados ad hoc;
  • y se intenta involucrar en el proyecto a todos los agentes del área.

 

Vázquez Barquero, por su parte, entiende que: el desarrollo local es un proceso de crecimiento económico y cambio estructural que conduce a una mejora del nivel de vida de la población local, en el que se puede identificar, al menos, dos dimensiones: una económica, en que los empresarios locales usan su capacidad para organizar los factores productivos locales con niveles de productividad suficientes para ser competitivos en los mercados; otra, socio-cultural, en que los valores y las instituciones locales sirven de base al proceso de desarrollo. La estrategia de desarrollo local debe de considerar otra dimensión más, la político-administrativa, en que las políticas territoriales permiten crear un entorno económico local favorable, protegerlo de las interferencias externas y favorecer e impulsar el desarrollo del potencial local.

En ellas se hace un recorrido bastante completo de las dimensiones (económica, sociocultural y político-administrativa) y las características que ha de cumplir las políticas de desarrollo local en todos y cada uno de los ámbitos de actuación, resaltando la importancia de la coordinación entre los gobiernos locales y los actores sociales del terreno que desempeñan las iniciativas empresariales y económicas.

Podríamos seguir analizando más definiciones pero serio muy largo y tedioso y tampoco nos iban a aportar elementos nuevos. Lo que sí ha quedado claro que es difícil obtener una definición única de desarrollo local, puesto que son muchas las variables y las características que deberíamos incluir (concertación económica y social, utilización de recursos locales, un alto grado de flexibilidad, resaltar el protagonismo de la pequeña y mediana empresa, ...); pero tendríamos que intentar identificar las condiciones generales que deberían estar presente en todo momento en un proceso de desarrollo local:

  • La existencia de un tejido humano lo suficientemente dinámico que permita el surgimiento de diversas iniciativas;
  • La afirmación de un tipo de vida y de una identidad social;
  • La presencia de centros sociales donde se materialicen de manera más o menos formal pero concreta y operativa, por un lado, un trabajo de armonización y de cohesión entre las iniciativas y gestiones locales y, por otro lado, un trabajo similar de articulación del nivel local con otros niveles económicos y administrativos".

Podríamos extraer de estas definiciones los elementos clave que conformaría nuestra definición de la concepción de desarrollo local que se utiliza en los países occidentales. Hemos de tener en cuenta que la idea de partida es la optimización de los recursos que conforman el territorio concreto (capital humano y físico), pero es importante no olvidar las actuaciones exteriores que pueden complementar y potenciar a las implementadas desde dentro.

También es necesario recoger la finalidad que persiguen estas políticas, que va desde la creación de empleo y generación de riqueza hasta el equilibrio social entre las diversas capas de la población, a las que se les pide un alto grado de participación y diálogo para conseguir el consenso para poder llevar a cabo estas políticas.

Recopilando los aspectos concretos de cada una de las definiciones analizadas, es hora de atrevernos a lanzar nuestro propio concepto de desarrollo local formulado como el conjunto de actuaciones concretas que definen los distintos agentes sociales, económicos, públicos o privados de la zona para reconducir los cambios estructurales que necesita un territorio concreto para conseguir solucionar su problemática mediante sus propios recursos productivos, naturales y humanos y los posibles que se puedan atraer hacia él.

Como vemos en la definición anterior se le da un lugar muy importante al conjunto de los actores (sociales y económicos, públicos y privados) que son los que, a través del diálogo y la participación, se plantean el cambio estructural que necesita el territorio y busca los medios adecuados para tal fin. Entre estos recursos hemos intentado expresar la necesidad de coordinación entre lo que pueda llegar desde instancias externas y la óptimización de los recursos endógenos del territorio.

 

II.4.3. Ventajas e Inconvenientes de este modelo de desarrollo

Hasta ahora, hemos hablado de desarrollo local sin preguntarnos las grandes deficiencias o ventajas que se pueden obtener con este modelo versus otras teorías de desarrollo contemporáneas. A lo largo de este análisis, nos hemos encontrado con detractores e impulsores del mismo, por eso en este apartado intentamos relacionar brevemente las ventajas, obstáculos e inconvenientes con que nos encontramos al utilizar este tipo de políticas de desarrollo.

La descoordinación entre los entes territoriales es uno de los aspectos que con más dificultad consigue superar este modelo; teniendo en cuenta, según hemos especificado con anterioridad, que las normativas legales todavía no enumeran claramente las funciones que deben realizar cada una de las administraciones públicas, y esto lleva a disparidades en esta materia. Si a estas circunstancias le unimos la necesidad conjunta de trabajar en el terreno la iniciativa privada y pública, podemos apreciar que la dificultad aumenta aún más.

En la misma línea, podemos plantear la dificultad de limitar el territorio exacto con el que debemos trabajar. Debe ser lo suficientemente amplio para que tengan un peso específico y un poder en el exterior, y lo suficientemente reducido para conseguir una homogeneidad en lo cultural, en lo social y en lo económico que le permita implantar unas actuaciones concretas.

Algunos autores han denominado a esta corriente como "egoísta" en favor de su municipio. A esto tenemos que responder que el desarrollo local puede llegar a calificarse como egoísta si no existe un planteamiento global del mismo; es imposible conseguir desarrollar una zona concreta si existe otra limítrofe donde las posibilidades de desarrollo son mínimas, las políticas y actuaciones de la primera traspasaría las fronteras y sería utilizadas también por la población vecina. Por tanto, se hace necesario para que las políticas de desarrollo local sean eficaces que exista un conocimiento de la realidad que afecta al municipio y una coordinación entre ambos para que el desarrollo se vaya realizando en conjunto (un ejemplo claro de esto es la utilización de la iniciativa INTERREG, donde se vincula el desarrollo de zonas transfronterizas entre sí). Aquí habría que recordar que la concepción del “desarrollo desde abajo”, al que pertenece el Desarrollo Local, se plantea la disfunción del mismo, a través del mecanismo de “salpicar hacia arriba” en contraposición con la idea de “chorreo hacia abajo” que plantea el desarrollo tradicional “desde arriba”.

En cuanto al trabajo realizado por los agentes de desarrollo local, es difícil pues se encuentran con la presencia de los políticos, cabezas visibles del desarrollo, a veces no convencidos de la eficacia de estas políticas, que necesitan resultados visibles a corto plazo para satisfacer las necesidades de la población y la estrategia de desarrollo local requiere tiempo para que las actuaciones den los resultados esperados. Por tanto, se produce un distanciamiento entre los objetivos de unos y otros, que el agente debe solucionar aportando dinamismo y algunos resultados a corto plazo que satisfagan las intenciones políticas.

No podemos dejar de mencionar la importancia que tiene para el desarrollo del territorio que los políticos "se lo crean", es decir que ellos desde su lugar privilegiado en el diseño de las políticas planifiquen y den opción a los técnicos del desarrollo a trabajar con un cierto margen de flexibilidad y seguridad en estas actuaciones. Y que el político cumpla su función "en el mercado internacional" vendiendo su municipio y ayudando a atraer los instrumentos comunitarios que sean necesarios para su territorio.

El desarrollo local va a "responder al desafío del desempleo y la confianza en las pequeñas dimensiones". De ahí podemos llegar a la aproximación local que tiene el desarrollo. El conjunto del territorio, de los recursos autóctonos y sobre todo, la importancia de la capacitación y la formación de los recursos humanos son las grandes claves diferenciales de esta nueva forma de desarrollo. La población, los agentes y los políticos han de encauzar su dinamismo hacia el diseño de un plan conjunto que transforme la forma de vida y el desarrollo de la zona.

Las principales ventajas se basan, en el incremento del bienestar social, que en cierta medida, va a ser superior que en otros modelos debido al aprovechamiento adecuado de los recursos existentes en las áreas de implantación, sustituyendo la lógica del beneficio por el deseo de satisfacer las necesidades de los consumidores y de los trabajadores.

La creación de puestos de trabajo autóctonos del lugar, que va a limitar las emigraciones hacia otras regiones pudiéndose incrementar las relaciones sociales y humanas y de esta manera, desarrollar a un nivel mucho más alto los valores culturales y de formación del territorio.

Otra ventaja con la que nos encontramos usando este método, es la gran flexibilidad y la capacidad de adaptación hacia los cambios de la economía, derivados del fomento por parte de estas políticas de la dimensión reducida del tamaño de las empresas. Y de esta misma forma, la disposición por parte de los actores principales del desarrollo en la zona, para cambiar o trasladar los recursos, en función de las necesidades específicas de la zona.

Como se puede apreciar, el éxito de esta teoría viene principalmente emanado de la potenciación de las pequeñas iniciativas propias, que conllevan un nivel muy alto de dinamismo, flexibilidad y un crecimiento formativo y social muy alto en los habitantes del lugar. También es importante colocar en un lugar prioritario el consenso y la participación de la sociedad, es importante que la población y los agentes sociales y económicos "sientan como suyas" las actuaciones que se lleven a cabo, sin lo cual no se va a poder contar con su apoyo primordial.

 

 

II.5. EL AGENTE DE DESARROLLO LOCAL

II.5.1. Definición y funciones del Agente de Desarrollo Local

Generalmente, en todos los territorios se ha trabajado y hablado sobre desarrollo económico; lo que no ha sido común es contar con una persona o personas que contribuyesen a acortar el tiempo y la maduración de los procesos de desarrollo del municipio. Esta circunstancia se dabe precisamente por lo reducido de los presupuestos de la gran mayoría de los municipios (estas medidas estaban fuera de los límites presupuestarios), las reducidas competencias que tenían delegadas por parte del Gobierno Central y un aspecto con el que hay que contar, aunque no sea demasiado ortodoxo, esto no estaba dentro de las prioridades de los municipios, no era necesario ni "estaba de moda" en esos momentos.

La dinámica económica local que fue surgiendo de los diversos fondos estructurales (F.S.E., F.E.D.E.R. e Iniciativas Comunitarias), la cada vez mayor descentralización administrativa y las necesidades transformadoras del sistema productivo originan la posibilidad de subvencionar la contratación de agentes de desarrollo local, promotores de empleo o expertos de naturaleza análoga que tengan como función las de promover, desarrollar y asesorar iniciativas locales de empleo.

Por tanto, se hace necesario delimitar la figura del Agente de Desarrollo Local (ADL) mediante una serie de precisiones que nos puede ayudar a entender mejor esta figura. El ADL ha nacido de la necesidad de fomentar el desarrollo de zonas desfavorecidas, bien por su historia o bien por la falta de capacidad empresarial que provoca el estancamiento económico actual. Pero hemos de resaltar en esa línea que es justo en estas zonas donde más cuesta incorporar al proceso productivo al agente que agilice y dinamice, puesto que "el desarrollo llama al desarrollo" y es en las zonas más dinámicas donde se utilizan todo tipo de variables para conseguir más dinamismo.

El Agente de Desarrollo Local ha de ser un interlocutor válido entre las instituciones administrativas y la iniciativa privada, para eso ha de conocer la realidad del municipio a través de estadísticas pero también de forma directa puesto que en muchas ocasiones esta puede ser mucho más compleja que lo que se recoge en los papeles. El ADL tiene que sentir los proyectos de desarrollo como suyos (tendrá que elaborar y ejecutar junto con el empresario, todos los pasos en la creación y puesta en marcha de la iniciativa) pero a la vez, tiene que estar fuera para poder ver los asuntos con objetividad y precisión. Ha de darse cuenta que si se equivoca lleva tras de sí repercusiones que pueden ser muy grandes para el cliente emprendedor.

El ADL, ha de buscar el soporte técnico (entidades a las que acudir) y el soporte financiero (líneas de créditos y subvenciones) con la que debe contar el empresariado para poder llevar a cabo sus proyectos. Y mediante el análisis de la zona ha de ir creando una red de datos y de contactos que sirvan para ir extrayendo las potencialidades y la formación e información necesarias que proporcionen un mejor asesoramiento y gestión de la promoción económica y social del municipio. Como vemos en el cuadro anterior los ADL han de ser los promotores directos de la creación del plan de desarrollo de cualquier zona que busque una reestructuración flexible de su productividad y sociedad.

El ADL necesita tener clara su misión y sus funciones para que no sienta inseguridad en su trabajo; y en la misma línea tener un cierto margen de maniobra para confeccionar proyectos de ejecución a medio y largo plazo, aunque hay que tener en cuenta la consecución de resultados a corto plazo para tener satisfechos a los políticos, que son los que secundan la importancia del proceso de desarrollo.

Las empresas locales carecen de información estratégica para realizar su gestión diaria y los ADL tendrán que actuar mediante esos canales de información que haga más fácil el entorno empresarial. Tendrá que estudiar, investigar, analizar, plantear y consensuar un plan global e integral de desarrollo del municipio, que recoja las preocupaciones y necesidades de la población en su conjunto y, a la vez, que tenga en cuenta que los recursos son limitados y está en sus manos la utilización óptima de los mismos.

En resumen, el Agente de Desarrollo Local tendríamos que analizarlo mucho más profundamente desde su particular problemática, situarlo en la categoría de "actor sobre el terreno", con la finalidad principal de reconstruir el tejido económico-social del territorio, pero sin olvidar su propia importancia como instrumento prioritario en la promoción y el desarrollo empresarial y social. Desde esta perspectiva se puede definir como:

  • un profesional de cualquier sexo, receptivo y disponible para la promoción de las Iniciativas Locales de Empleo (ILEs) en cualquiera de sus formas y fases de creación y desarrollo;
  • un agente catalizador de ILEs y, en definitiva, de todo proyecto nuevo de desarrollo empresarial, capaz de organizar un proceso de desarrollo local;
  • un promotor, especializado, de iniciativas de desarrollo local, que sigue de cerca y de forma pragmática los proyectos en los que se involucra;
  • debe ser un titulado superior, con aptitudes y actitudes especiales, que se dedica a tiempo completo a un programa de desarrollo local en una organización intermedia, lanzando y coordinando proyectos;
  • un investigador y conocedor de la problemática de la localidad en la que actúa, que promueve y recibe iniciativas económicas y que asesora y da información útil para dinamizarlas".

Como podemos observar, estos autores realizan una descripción bastante completa de lo que debe ser un ADL con la que estamos de acuerdo, aunque nosotros tendríamos que hacer una serie de matizaciones en alguno de los aspectos. Nos parece discriminatorio la limitación realizada por los anteriores profesores para aquellos profesionales que sin ser titulados superiores, en los propios contenidos de sus diplomaturas podemos encontrar una base lo suficientemente amplia, que lo pueda identificar como "posible ADL", incluso con mejor preparación que otros muchos que de hecho están trabajando sobre el terreno y sólo cuentan con la experiencia que le ha podido ofertar el día a día.

Si es difícil definir la figura del ADL, más complicado es aún plasmar en una serie de líneas las funciones que debe llevar a cabo este agente. Sobre todo teniendo en cuenta que en cada municipio y en cada zona el ADL desempeña un papel diferente y, por tanto, unas funciones distintas.

Nosotros recogemos como función principal, de la que parten todas las demás, el asesoramiento que realiza a los distintos actores del desarrollo. El ADL tiene que garantizar el flujo informativo hacia la administración local, que toma las decisiones y hacia la iniciativa privada, que en último término es quien lleva a la práctica y recibe los resultados de esas acciones. Es importante que el agente esté al día e informe de las ayudas tanto comunitarias, como nacionales o regionales, ayude a la elaboración de las solicitudes de subvenciones, analice junto con los actores del terreno las potencialidades y desventajas que tiene el municipio, etc.

Pero de igual forma, es importante la labor que debe realizar el agente en la formación y capacitación de los recursos humanos de la zona en cuestión, para llevar a cabo políticas de desarrollo local. Cada proyecto de desarrollo va a definir por si mismo un sistema de formación por etapas ajustado a los ejes estratégicos de la zona, que consiga reforzar la movilidad de los recursos e incrementar la unión entre la población afectada y las acciones a realizar; por tanto, esta perspectiva nos lleva a resaltar la inoperancia de trasladar e implantar planes formativos desde instancias superiores que no conocen la oferta local del municipio.

Refiriéndonos a este mismo aspecto, el agente tiene que apoyar la participación de los empresarios en los proyectos, tiene que generar iniciativas y conformarse en tutor de las mismas, y así conseguir incrementar la calidad y el número de ellas que a la postre crearan un entorno empresarial y social favorable para que sirvan de abono a otras iniciativas. Es esencial que el agente acompañe a la iniciativa como suya, pero siempre de una forma objetiva, que sólo se consigue con espíritu crítico e intentando definir la problemática "desde fuera". Como podemos observar, esta dicotomía es difícil de llevar a cabo pero es labor y responsabilidad del agente acercarse lo más pronto a ella para conseguir resultados óptimos a corto plazo.

Es importante redundar en la función de integración y coordinación entre todos los agentes que trabajen sobre el terreno y cuyo último objetivo sea el desarrollo de alguno de los aspectos sociales, culturales o económicos del mismo. Esta coordinación es importante no solamente a escala interna, sino que también tendríamos que valorar la coordinación con las diversas políticas a nivel regional, nacional e internacional puesto que es importante no desperdiciar los recursos limitados y escasos que podrían abogar por desarrollo más amplio.

Junto a estas funciones podemos recoger también las energías que debe gastar el agente en los procesos de negociación. Ya hemos comentado con anterioridad la importancia del consenso y la participación de la población; esta situación se consigue tras largas reuniones, donde el agente tiene que convencer a los agentes locales de la importancia de un proyecto de desarrollo y tiene que involucrarlos en los aspectos que les importa como si fuese idea suya. Esta fase de consenso y de negociación es difícil, sobre todo teniendo en cuenta que existen intereses contrapuestos entre los distintos actores y es labor del agente el limar y suavizar las asperezas y llegar a un acercamiento entre ellos.

Como puede observarse cuando nos referimos al ADL, no estamos hablando de una profesión, ni siquiera podemos llegar a definir concretamente todas las características, funciones e incluso el perfil que debe tener el ADL; lo que sí pretendemos es el reconocimiento de la importancia del agente dentro del proceso de desarrollo y, lo más importante, intentar analizar cuál es la formación que debe conseguir el ADL y a través de qué instrumentos se pueden llegar al máximo perfeccionamiento.

 

II.5.2. Formación del Agente de Desarrollo Local

Antes de conceptualizar y programar una posible acción formativa en el campo del Desarrollo Local, se tendría que hacer un análisis crítico de la realidad técnica para de esta forma conseguir la detección de las necesidades y prioridades de la formación desde la realidad, el espacio más cercano, para luego trasladarlo a los organismos pertinentes que lo plasmen en una programación concreta.

Pero tendríamos que huir del concepto de formación tradicional en la materia que nos ocupa. Hasta ahora, primero recibíamos las demandas, para seguidamente llegar a la realidad, e ir buscando preguntas que a posteriori pudiésemos unir a las demandas anteriormente estudiadas; ahora, la filosofía formativa que demandan los agentes de desarrollo local (A.D.L.) ha de tener presente la variable personal. No se puede formar a estos agentes sólo desde un aula, sin tener en cuenta la realidad con la que van a contar, no se les puede enseñar las respuestas teóricas a una serie de preguntas puesto que en desarrollo local la respuesta está eminentemente unida al conocimiento de la realidad y una misma pregunta en lugares diferentes puede ser contestada de formas muy distintas.

La formación a la que nos estamos refiriendo ha de contemplar prioritariamente la transversalidad de aspectos que aumenten la ocupabilidad mediante la creación de programas instrumentales y de habilidades para el desarrollo integral del agente. Es decir, "una formación a través del desarrollo y no solamente para el desarrollo", con una prioridad orientada hacia la acción directa sobre el terreno y una formación paralela y convergente.

Para llevar a cabo esta formación, es preciso partir de un enfoque pluridisciplinar que motive la polivalencia del trabajador sobre el terreno y ante los problemas complejos que se le puede presentar. En este aspecto es importante corroborar el peligro que conllevaría la superespecialización del agente, altamente formado en algunos aspectos pero no en otros, sobre todo si nos situamos en lugares apartados donde sólo pudiera contar con su formación y bagaje profesional para el análisis y posterior puesta en marcha de iniciativas.

En esta primera planificación habría que tener en cuenta que el mercado demanda perfiles profesionales y no profesiones; es decir, ubica a la orientación profesional en un escalón anterior al posible desarrollo de las acciones formativas. Esto explica la mayor importancia dada al trabajo de aspectos personales tales como el desarrollo de aptitudes y actitudes para el empleo que a la formación técnica que requiere el agente de desarrollo local, naturalmente sin dejar a ésta a un lado.

El ADL tendrá que aprender a crear la necesidad y la inquietud en el individuo local para más tarde poder ofertar respuestas creíbles y que realmente ayuden a crear empleo estable. Para lo cual tendremos que dividir la formación del ADL en dos fases entrelazadas:

1. Fase Formativa. Con el análisis del modelo de desarrollo planteado, instrumental y metodología.

2. Fase práctica. Con el principal objetivo de acercar la realidad socioeconómica y las experiencias del terreno al futuro ADL de una forma eminentemente práctica.

 

Refiriéndonos al primero de los apartados los principales contenidos que tendría que abarcar la formación del ADL tendríamos que dividirlo en diversos módulos que abarcan lo siguiente:

-  El contexto económico mundial, europeo y nacional

-  Economía del Desarrollo

-  El Marco conceptual del desarrollo local

-  Dinámicas de grupos y perfil del Agente de Desarrollo Local

-  Búsqueda de financiación para el desarrollo local

-  Técnicas de investigación y análisis del entorno

-  Mercado de Trabajo

-  Análisis y evaluación de los instrumentos de Desarrollo Local

-   Creación de empresas.

-   Informática aplicada.

-  Formación de recursos humanos.

-  Diseño y evaluación de proyectos de desarrollo: Planes estratégicos.

-  Módulo práctico

 

En todos los módulos anteriores se plantean prácticas puntuales para conseguir de manera positiva y rápida el ir aprendiendo, desde abajo y apoyándonos en lo que ocurre en realidad.

En cuanto a la fase práctica, el ADL debería realizar una memoria final del trabajo de campo realizado en un tiempo determinado con la ayuda de los profesores y basándose en los aspectos concretos de una realidad específica.

Por tanto, como podemos observar en este apartado, planteamos la creación de una especialización profesional autónoma: "Agentes de Desarrollo Local", ya sea de grado medio o de grado superior, donde se complemente una formación teórica lo suficientemente amplia y general que abarque nociones de economía, de análisis del territorio y de la población, nociones de creación de empresas y de derecho administrativo y laboral, conocimientos profundos en planificación, administración e informática, habilidades de negociación,... y a su vez una experiencia práctica a lo largo del periodo de formación, donde vaya conociendo los secretos de la observación y la planificación estratégica territorial.

Todo esto que nos planteamos aquí no es utópico sino urgente. Son muchos los municipios que se están uniendo a "la moda" del desarrollo local y piden o encuentran subvenciones para poder contratar a estos agentes. Por otro lado, se está derrochando mucho dinero comunitario y nacional en cursos de especialización que no forman a los agentes, sino que los entretiene mientras ellos siguen pidiendo una recualificación rápida y una adaptación de la oferta, a lo que se demanda en los municipios.

 

 

II.6. REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA BÁSICA

Barroso González, María de la O (2000): Planificación estratégica e instrumentos de desarrollo local. Aplicación al ámbito onubense. Ed. Diputación de Huelva, Huelva.

Bustelo, P. (1992): Economía del Desarrollo. Un análisis histórico. Madrid, Editorial Complutense.

Vázquez Barquero, A. (1988): Desarrollo Local. Una estrategia de creación de empleo. Madrid, Ed. Piramide.

Vázquez Barquero, A. (1993): Política económica local. Madrid, Ed. Pirámide. Económicos, nº 138, pp. 395-417.

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Copyright 2010, Autores y colaboradores. Cite/attribute Resource. Barroso, D. F. y. M. d. l. O. (2010, March 25). Materiales tema 2: Teoría del desarrollo local. Retrieved October 21, 2014, from UNIA OpenCourseWare Web site: http://ocw.unia.es/ciencias-economicas/teorias-experiencias-desarrollo-local/materiales-tema-2-teoria-del-desarrollo-local. Esta obra se publica bajo una licencia Creative Commons License. Creative Commons License